domingo, 12 de diciembre de 2010

La sed de la bestia

El pecho se me oprime a cada paso que doy, se escucha mi respiración entrecortada y me tiemblan las manos . Son 5 minutos en los que no piensas, solo actúas por instinto. Ahora es pequeña pero en mi interior noto que crece y crece y no lo puedo frenar.
Ha vuelto con una fuerza inusitada y al mínimo momento puede salir a flote. Por ahora puedo calmar su sed, su hambre, pero un día sin control y puede salir. Temo a la bestia, ella me domina y controla, no tengo fuerza para pararla, nunca la he tenido. Solo se que si alguien no me ayuda algún día puede salir, dentro de poco, dentro de mucho, pero lo hará.
Esa bestia que dormita en cada uno; fiera, agresiva, expectante a la mínima oportunidad. No quiero que despierte pero a la vez la quiero despertar.

Una batalla entre dos; dos cabezas, dos entes, dos corazones.

¿Quién ganara? Al final de una vida lo descubriré, o que la calma temple mi animo o que la ira excite mi propia tempestad.

Aumenta la sed, aumenta el hambre, aumenta la ansiedad, todo aumenta.